9 de octubre de 2013

La tarea de ser padres ¿necesita aprendizaje?

Ser padres no es una tarea fácil. Por ello, en numerosas ocasiones, nos surgen dudas de sí lo estamos haciendo bien, si estamos actuando de la manera más correcta, si estamos poniendo bien los límites o, por el contrario, estamos siendo demasiado permisivos. En este sentido, cada vez es más frecuente que acudamos a especialistas que nos puedan guiar en este proceso, consultando a profesionales como un psicopedagogo, psicólogo infantil o pedagogo.
 
Ser padres no es una tarea fácil. Por ello, en numerosas ocasiones, nos surgen dudas de sí lo estamos haciendo bien, si estamos actuando de la manera más correcta, si estamos poniendo bien los límites o, por el contrario, estamos siendo demasiado permisivos. En este sentido, cada vez es más frecuente que acudamos a especialistas que nos puedan guiar en este proceso, consultando a profesionales como unpsicopedagogopsicólogo infantil o pedagogo.
 
Recientes estudios confirman que estamos biológicamente preparados para ofrecer los cuidados necesarios a nuestros hijos. Entre esos cuidados estaría guiar y acariciar al niño; ayudarles a gestionar sus emociones, protegerles y relacionarse con el mundo. Por lo tanto los padres y educadores somos los entrenadores físicos y emocionales de nuestros hijos.
 
Sin embargo nuestro aprendizaje como padres, parte de nuestra experiencia como hijos, es decir, generalmente pensamos que sabemos lo suficiente para enseñar, pero nuestros únicos modelos suelen ser nuestros propios padres, que a su vez aprendieron de nuestros abuelos.
 
Entonces ¿Qué puede ayudarnos a educar a nuestros hijos para que sean adultos sanos mental, física y emocionalmente? Probablemente el conocimiento sobre el desarrollo de los niños sea el principio para responder a esa pregunta. El especialista René Diekstra habla del concepto de “canon” definiéndolo como el conjunto de conocimientos básicos y contrastados que todos los padres y educadores debemos saber.
 
Uno de esos conocimientos hace referencia a la edad en que un bebé es capaz de ser consciente de las emociones de sus padres, que aparece desde los primeros días desde su nacimiento, por lo tanto debemos cuidar nuestro comportamiento en su presencia. Coger en brazos a los bebés para calmar su llanto no significa consentirlos, todo lo contrario, le ayuda a calmar su ansiedad y su  estrés sobre todo en los primeros meses de vida, ya que la memoria a largo plazo no está consolidada.
Sobre las rabietas lo mejor es ignorarlas para no premiar con nuestra atención un comportamiento disruptivo, por el contrario, se les prestará atención inmediatamente después. Los golpes o los denominados “cachetes” son contraproducentes en su efecto y enseñan además que la violencia física es una manera de resolver las dificultades.
 
Estos y otros consejos nos pueden ayudar a comprender que, al contrario de la creencia popular sobre el derecho de los padres a educar a sus hijos como les de la gana, la Convención sobre los Derechos del Niño establece el derecho fundamental a ser educados por padres preparados.

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